Durante estos últimos tiempos los ambientes de trabajo en general se han deteriorado. Son muchos los factores, pero sin duda la larga crisis que estamos sufriendo ha producido un efecto amplificador de los mismos.
La bajada de sueldos y la eliminación de incentivos vienen también a apoyar la ya de por si maltrecha confianza de los trabajadores con sus equipos directivos. Equipos directivos que durante la época de bonanza supieron beneficiarse, pero que desatendieron la buena gestión de sus empresas dejándolas en posiciones de debilidad.

Aun así,  a los grandes directivos y responsables de recursos humanos se les llena la boca diciendo que las personas son lo primero, que son el principal activo de la empresa, pero son eso “palabras”, tan solo palabras de un guión que nunca han sido capaces de interpretar.
En mi opinión, el panorama actual es bastante hostil para muchos trabajadores, a lo cuales se les exige una dedicación especial a cambio de una amenaza camuflada de promesa, “mantener el puesto de trabajo”. Puesto de trabajo por el cual nos dicen que tenemos que dar gracias, ya que somos reemplazables.
Para lidiar con estas circunstancias tan solo nos queda una única opción,  ser los líderes de nuestra vida y  ser líderes en nuestro trabajo.
Acepta tu responsabilidad y lidera tu vida
Creo firmemente que todos somos capaces de ser líderes. Para, esto tan solo tenemos que seguir reglas básicas que todos conocemos:
  1. Ser responsables y dar lo mejor de nosotros mismos
  2. Buscar la excelencia en nuestras tareas
  3. Ser honestos y honrados
  4. Ser Integros
  5. Respetar el trabajo de los demás
  6. Apoyar y ayudar a los compañeros
No importa donde estamos ahora o donde estaremos dentro de unos años, si seguimos estas reglas estoy convencido que siempre seremos personas valiosas.
También tenemos que acostumbrarnos a valorarnos a nosotros mismos y no depender de la valoración externa. Los incentivos han podido desaparecer pero la satisfacción de un trabajo excelentemente realizado es algo que nadie nos podrá quitar jamas.

En conclusión, demostremos a nuestros directivos que somos lo más valioso de nuestras empresas y que si hay alguien que es prescindible y reemplazable quizás sean ellos mismos.
Categoría:
Liderazgo, Reflexiones
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