
El poder de un cuaderno de verano: Por qué dibujar tus vacaciones fortalece tus recuerdos
En un tiempo que ya casi me parece prehistórico, recuerdo que uno de los grandes rituales antes de ir de vacaciones era comprar carretes para la cámara de fotos. Como teníamos un límite de disparos, seleccionábamos con mucho cuidado dónde y cuándo tomar las fotos, era un recurso escaso y, por tanto, valioso. Hasta la vuelta a casa, tras pasar por la tienda de revelado, no sabíamos cuántas de esas tomas eran buenas y cuáles no, todo era una sorpresa. Esas fotografías acababan en álbumes familiares y sentarnos juntos a revisarlas para echar unas risas era toda una tradición. En aquellos años, los recuerdos permanecían ahí, físicamente a nuestro alcance, como verdaderos tesoros.
Luego llegó la fotografía digital y, más tarde, los móviles. Disparar decenas o cientos de fotos dejó de ser un problema y ya no requiere revelado. Las imágenes están siempre a nuestro alcance en nuestros dispositivos o copiadas en la nube de turno. Sin embargo, esta abundancia infinita implica que cada toma pierde su valor. Rara vez volvemos a mirarlas o a revivir esos momentos. Además, el ritual familiar se ha vuelto meramente personal: cada uno gestiona su propia base de fotografías, perdiendo en gran medida ese vínculo compartido.
Está claro que volver a las cámaras analógicas no tiene sentido, pero algo tenemos que hacer para que nuestros recuerdos vuelvan a ser memorables. Al ser «gratis» disparar, no tenemos problema en fotografiar compulsivamente casi cualquier cosa o evento. Llegamos al absurdo de primar la captura de la foto por encima de disfrutar del propio espectáculo, desconectándonos del momento presente.
Recuperar el cuaderno de verano
Ahora bien, como Visual Thinker plenamente consciente de esta era de saturación digital, propongo un complemento: recuperar la libreta y el rotulador. Y no hace falta un gran despliegue de material para esto, la verdad es que con un marcador negro y una pequeña libreta formato A6, de esas que caben en cualquier bolsillo, es más que suficiente. La idea es explicar cómo el acto de «sketchnotear» una escena de tus vacaciones (un paisaje, un café, una anécdota) te obliga a detenerte, observar y procesar la información profundamente. Esta pausa intencionada crea huellas de memoria mucho más fuertes y duraderas que simplemente hacer un clic automático en una pantalla.
Llevar un registro visual en esa pequeña libreta me parece una idea excelente de consolidación. Nos sirve al mismo tiempo de mini diario y planificador, ayudándonos no solo a asimilar experiencias pasadas, sino también a diseñarlas por anticipado. Nos permite registrar, más allá de la memoria lógica, lo que hemos sentido y vivido, extrayendo el verdadero jugo de la experiencia.
Y más allá del ejercicio individual, me encantaría que encontrásemos la forma de recuperar también aquel viejo ritual de sentarnos juntos a revisar los recuerdos. Es evidente que para esto el pequeño cuaderno personal se queda corto, aunque sí que podemos usar nuestros bocetos como el «storyboard» o guion para una velada de historias. Podemos proyectar en la televisión una selección muy minimalista y estricta de fotografías (quizá solo diez de todo el viaje) y, con nuestra libreta A6 en la mano, contar la historia que no sale en la pantalla: la anécdota, el detalle curioso o lo que estábamos sintiendo. Incluso junto a nuestros hijos podemos desplegar un papel grande en el salón, tomar algo en familia y usar esos dibujos como origen para que los niños añadan sus propios recuerdos con sus propios dibujos, creando un mapa visual compartido de las vacaciones.
Estas libretas tienen una profundidad inmensa. Nos ayudan a fijar el recuerdo porque dibujar la información mejora la memoria de forma mucho más efectiva que escribirla o visualizarla pasivamente, gracias a la potente integración de nuestros procesos motores, semánticos y visuales.
Y esto no es solo una intuición, lo respaldo con el siguiente paper científico: The drawing effect: Evidence for reliable and robust memory benefits in free recall (Wammes, J. D., Meade, M. E., & Fernandes, M. A., 2016).
