Cómo Funcionan las Cosas

Hace un par de días os hablaba de aquel viejo juego, el Electro-L, y de cómo encendió la primera chispa de mi vocación por la ingeniería y los sistemas. Aquella pila de petaca me enseñó qué quería hacer: trastear con la tecnología para entender cómo funcionan las cosas.

Pero hoy quiero dar un paso más en este viaje por el retrovisor. Porque si el Electro-L me dio el destino, hubo otra reliquia en mi estantería que me entregó el método.

Y precisamente, hablo de un libro que curiosamente tiene por título «Cómo funcionan las cosas» de David Macaulay. Podéis ver su maravillosa portada en la siguiente imagen.

Cómo Funcionan las Cosas
Cómo Funcionan las Cosas

📖 Más que un manual, una revelación visual

Solo ver esa cubierta, con el título construido a base de palancas, engranajes, imanes y poleas, ya me trae a la memoria innumerables recuerdos. Pasé horas enteras sumergido en sus páginas, completamente maravillado. Sin embargo, ahora soy consciente de que lo que me atrapó no fue solo la tecnología que describía (desde un simple sacacorchos hasta un rayo láser o un ordenador). Fue, por encima de todo, la forma en que lo hacía. Utilizando sin ninguna duda el pensamiento visual.

David Macaulay no se limitaba a soltar descripciones técnicas complejas. Él dibujaba las entrañas del mundo. Despiezaba máquinas complejas a través de sus dibujos, apoyándose en un humor inteligente (imposible olvidar a aquellos mamuts lanudos) y en una claridad espacial que hacía que lo imposible pareciera evidente.

Ahora veo que fue exactamente ahí donde germinó algo mucho más profundo que mi afición por la tecnología pura y dura: nació mi identidad como Visual Thinker.

Conectando los puntos - II - Usando papel negro y mis nuevos lapiceros especiales ;)
Conectando los puntos – II – Usando papel negro y mis nuevos lapiceros especiales 😉

🖍️ El superpoder de dibujar para entender

Si lo pienso bien, mi pasión por el pensamiento visual, los mapas mentales y el sketchnoting bebe directamente de la tinta de aquellas páginas. Aquel libro me grabó a fuego una serie de principios que sigo utilizando hoy en día:

  • Lo complejo no tiene por qué ser complicado: Si puedes dibujarlo, puedes entenderlo.
  • El flujo lo es todo: Igual que un buen diagrama muestra el viaje de la fuerza de un engranaje a otro, hoy trazo el flujo de la información para dar sentido al caos.
  • La claridad es un acto de empatía: Explicar algo de forma visual es invitar a los demás a entrar y comprender tu mundo de un solo vistazo.

En mi trabajo y sobre todo en mis inquietudes personales, ya sea con arquitecturas de sistemas, ciberseguridad, optimizando procesos, preparando un taller o estudiando cualquier tema que me interese, mi herramienta principal es recurrir a un rotulador o a mi iPad para dibujar y comprender los conceptos.  Visualizar el problema desglosándolo en sus componentes es el método más eficaz y directo para identificar el punto de partida para su comprensión.

🏛️ Ver las cosas por lo que realmente son

Marco Aurelio, en sus Meditaciones, nos aconsejaba observar las cosas y desgranarlas en sus elementos básicos para comprender su verdadera naturaleza, despojándolas de todo el adorno superficial. En el fondo, eso es exactamente lo que hace el pensamiento visual. Nos quita el «ruido» de encima y nos deja a solas con la esencia estructural de la realidad.

Ese libro no solo me enseñó cómo funcionaban las cosas, me enseñó a ver las tripas de los problemas. Transformó a un joven curioso en alguien que necesita estructurar el mundo visualmente para darle sentido, conectando ideas de la misma manera que encajan los engranajes de un reloj.

No importan los años que pasen ni lo mucho que avance la digitalización, la herramienta más poderosa para descifrar la complejidad de nuestro entorno sigue siendo nuestra capacidad de plasmarla, trazo a trazo, frente a nuestros ojos.

¡Don’t Give up!

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creatividad, estoicismo, hábitos, Marca Personal, Reflexiones, Visual Thinking
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